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¿El lúpulo y el cannabis son de la misma familia?

Sí. El lúpulo y el cannabis pertenecen a la familia botánica Cannabaceae, aunque son plantas distintas y forman parte de géneros diferentes: Humulus y Cannabis. El lúpulo cervecero se conoce como Humulus lupulus; el cannabis, como Cannabis sativa. Así los clasifica Plants of the World Online, la base de datos botánica de los Royal Botanic Gardens de Kew.

El parentesco es real, pero no significa que el lúpulo sea una variedad de marihuana ni que aporte THC a una cerveza. La semejanza más interesante para quien bebe una IPA está en el aroma: ambas plantas producen algunos de los mismos compuestos volátiles, aunque su composición química no es idéntica. Compartir parte del olor no implica compartir todos los efectos.

Misma familia no significa misma planta

En botánica, una familia agrupa géneros emparentados; cada género, a su vez, comprende una o varias especies. Por eso «son de la misma familia» y «son la misma especie» no son afirmaciones equivalentes.

En este caso, la clasificación permite distinguirlas sin ambigüedad:

Clasificación Lúpulo cervecero Cannabis
Familia Cannabaceae Cannabaceae
Género Humulus Cannabis
Especie Humulus lupulus Cannabis sativa

Kew incluye ambos géneros dentro de Cannabaceae, junto con otros como Celtis, Trema o Aphananthe. La familia no se limita, por tanto, a las dos plantas que suelen protagonizar esta comparación. Es una clasificación de parentesco, no una lista de especies con idéntica composición o idénticos usos.

Tampoco debe confundirse el nombre de una variedad de lúpulo con una especie diferente. Strata, por ejemplo, es una variedad desarrollada para la elaboración de cerveza. Su descripción aromática puede mencionar el cannabis sin que eso cambie su identidad botánica ni signifique que proceda de un cruce entre ambas plantas.

Qué parte del lúpulo se utiliza en la cerveza

El lúpulo es una planta trepadora perenne: la parte aérea puede secarse al terminar la temporada, mientras que su sistema subterráneo permanece y permite el crecimiento del año siguiente. Presenta flores masculinas y femeninas en plantas separadas, una característica que en botánica se denomina dioecia.

Para elaborar cerveza se utilizan los conos que se desarrollan a partir de las inflorescencias femeninas. Aunque coloquialmente se hable de «flores de lúpulo», no se trata de una flor aislada con pétalos, sino de una estructura formada por numerosas piezas superpuestas. En su interior se encuentran las glándulas de lupulina, de color amarillo, que contienen sustancias amargas y aceites esenciales.

Ese material amarillo no debe confundirse con polen. Lo importante para el cervecero son sus glándulas y lo que contienen. De hecho, algunos productos de lúpulo concentrado se obtienen separando parte de la materia vegetal para aumentar la proporción de lupulina. Hopsteiner describe así la elaboración de sus pellets enriquecidos: más concentración de ácidos amargos y aceites, con menos material vegetal acompañante.

En el cannabis también existen estructuras glandulares especializadas, llamadas tricomas glandulares, abundantes en la superficie de las inflorescencias femeninas. Allí se produce y acumula una resina rica en distintos compuestos. Esa semejanza en la organización de ambas plantas ayuda a entender la comparación, pero no convierte sus resinas en sustancias equivalentes.

¿El lúpulo contiene THC o CBD?

El lúpulo utilizado habitualmente en cervecería no es una fuente natural de THC o CBD. La literatura científica distingue sus extractos de los del cannabis precisamente por esa diferencia. En un estudio publicado en 2023, por ejemplo, los investigadores emplearon terpenos de Humulus lupulus como una fuente no cannabinoide y explicaron que esa elección evitaba la posible presencia residual de THC asociada a extractos de cannabis.

La explicación va más allá de que una planta tenga «mucho» de una sustancia y la otra «poco». Para producir determinados compuestos hacen falta rutas bioquímicas y enzimas específicas. El parentesco entre dos plantas no garantiza que ambas dispongan de todas las mismas herramientas.

Un trabajo de Wageningen University & Research, publicado en Plant Biotechnology Journal en 2026, estudió precisamente la evolución de las enzimas que intervienen en la síntesis de cannabinoides. Los investigadores reconstruyeron versiones ancestrales de esas enzimas y las probaron en el laboratorio. Sus resultados sitúan la aparición de esa capacidad en un antepasado del linaje del cannabis, seguida de una especialización posterior de las enzimas. No se trata, por tanto, de una propiedad que pueda atribuirse sin más a toda la familia Cannabaceae.

La consecuencia para una cerveza convencional es sencilla: llevar lúpulo no significa llevar cannabis. Y aumentar la cantidad de lúpulo tampoco convierte una IPA en una bebida con THC.

Por qué el lúpulo y el cannabis pueden oler parecido

Una parte de la respuesta está en los terpenos, un grupo de compuestos entre los que se encuentran muchas sustancias aromáticas vegetales.

El cannabis puede producir, entre otros, β-mirceno, α-humuleno y β-cariofileno. Un estudio de la Universidad de Columbia Británica identificó enzimas responsables de la producción de esos y otros terpenos en una variedad de cannabis. No son nombres comerciales ni ingredientes añadidos: son moléculas que la propia planta puede sintetizar.

Los mismos tres compuestos aparecen también en el lúpulo. Una investigación publicada en BMC Plant Biology analizó los conos maduros de 21 variedades cultivadas en Nueva Zelanda y encontró mirceno, humuleno y cariofileno en todas ellas, aunque en cantidades muy diferentes. Compartir componentes no significa compartir proporciones.

Esto ayuda a entender por qué dos plantas distintas pueden presentar semejanzas aromáticas y, al mismo tiempo, por qué no todos los lúpulos huelen igual. La presencia de una molécula es solo una parte de la información: también importan su concentración y el conjunto de sustancias con las que aparece. El estudio neozelandés encontró diferencias importantes entre variedades, tanto en los compuestos principales como en otros menos extendidos.

Ahora bien, reducir el olor a cannabis a «las dos plantas tienen mirceno» deja fuera una parte importante de la explicación.

El detalle que suele faltar: no todo son terpenos

En 2021, un equipo encabezado por Iain Oswald publicó en ACS Omega una investigación sobre el origen del olor penetrante, descrito en inglés como skunky, de determinadas variedades de cannabis.

Los investigadores identificaron una familia de compuestos volátiles que contienen azufre. Entre ellos destacó el 3-metil-2-buteno-1-tiol. Al incorporarlo a una mezcla de otros componentes aromáticos del cannabis, consiguieron que el olor se aproximase mucho más al de la muestra vegetal estudiada. El resultado mostró que ese carácter no podía explicarse atendiendo únicamente a los terpenos más abundantes.

La distinción importa: una sustancia no necesita ser mayoritaria para tener mucho peso en lo que percibimos. La American Chemical Society, al presentar el trabajo, subrayó precisamente que los terpenoides no bastaban para explicar el olor característico investigado.

Esto tampoco permite atribuir el aroma de cualquier cerveza a una molécula concreta sin analizarla. El estudio se realizó sobre cannabis; sirve para comprender mejor su olor, no para convertir una nota de cata de una IPA en un resultado de laboratorio.

Qué significa que una IPA sea «dank»

En el lenguaje cervecero, dank suele utilizarse para describir un carácter aromático intenso, resinoso y penetrante, que en ocasiones recuerda al cannabis. No identifica un ingrediente llamado «dank» ni una cantidad determinada de THC.

El uso que hacen los propios elaboradores ayuda a situar el término. Sierra Nevada describe su Dank Little Thing mediante una combinación de lúpulos florales, tropicales y resinosos. En la receta figuran Amarillo, Chinook, CTZ y Mosaic: el nombre de la cerveza y sus referencias aromáticas hablan del perfil que busca la cervecera.

Strata: un ejemplo documentado por quien desarrolla el lúpulo

La ficha de Strata, publicada por Indie Hops, incluye recuerdos de maracuyá, melón, fresa y pomelo junto a la expresión «rock concert cannabis». Es una descripción sensorial del lúpulo, no una declaración de que contenga cannabis.

El ejemplo resulta útil porque evita una falsa oposición: una cerveza no tiene por qué ser exclusivamente tropical o exclusivamente resinosa. El perfil de una misma variedad puede reunir ambos tipos de notas. En Strata, esa convivencia aparece expresamente en la descripción de su desarrollador.

Tampoco dank significa necesariamente West Coast IPA. Sierra Nevada utiliza ese lenguaje tanto en Dankful, presentada como una IPA de estilo West Coast, como en Dank Little Thing, que es una Hazy IPA. El término describe un carácter aromático; por sí solo no determina la turbidez, el cuerpo o el estilo completo de la cerveza.

Aroma del lúpulo y defecto por luz: dos cosas que no conviene confundir

Hay otro motivo por el que una cerveza puede desarrollar un olor que recuerde al cannabis, y no tiene que ver con que el cervecero haya elegido una variedad especialmente resinosa.

El 3-metil-2-buteno-1-tiol identificado en el estudio sobre cannabis también está relacionado con el defecto conocido como lightstruck en cerveza: una alteración provocada por la exposición a la luz. Esta coincidencia química es uno de los puntos más interesantes de la comparación entre ambas plantas y la bebida.

En la cerveza, la luz puede desencadenar reacciones en las que intervienen la riboflavina y compuestos amargos derivados del lúpulo. Una investigación publicada en Journal of Agricultural and Food Chemistry estudió cómo esa degradación genera precursores del compuesto responsable del olor. No hace falta que exista cannabis en la receta para que aparezca.

Conviene, por tanto, separar dos situaciones. Una cerveza puede tener un carácter resinoso buscado mediante su selección de lúpulos. Otra puede haber sufrido una alteración por luz. Que alguien describa ambas con una palabra parecida no significa que el origen sea el mismo. Las fichas de las cerveceras documentan lo primero; los estudios de fotoquímica explican lo segundo.

Esto no permite diagnosticar una cerveza únicamente porque una persona diga que «huele a marihuana». Para interpretarla hay que considerar el perfil previsto, su conservación y el conjunto del aroma. La comparación verbal, aislada, no demuestra ni un ingrediente añadido ni un defecto.

Mucho aroma no significa necesariamente mucho amargor

La relación con el cannabis suele llamar la atención por el olor, pero el lúpulo cumple varias funciones diferentes en una cerveza.

Sus ácidos alfa pueden transformarse durante el hervor en compuestos que contribuyen al amargor. Los aceites y otros componentes aromáticos, en cambio, intervienen en lo que percibimos por la nariz. Por eso no conviene tratar «amargo» y «aromático» como si fueran dos nombres para la misma característica.

El momento de incorporación también importa. Hopsteiner distingue entre las adiciones tempranas durante el hervor, orientadas a aprovechar el potencial de amargor, y las más tardías, que permiten conservar más carácter aromático. Sus fichas técnicas contemplan asimismo el uso durante la fermentación secundaria o la maduración, dentro de las prácticas de dry hopping.

Por tanto, una cerveza que huela intensamente a lúpulo no tiene por qué ser la más amarga de una selección. Tampoco la intensidad aromática permite deducir su graduación alcohólica. Son características que hay que leer y valorar por separado, no una única escala que sube cada vez que se añade más lúpulo.

Cómo interpretar esas notas al elegir una cerveza

Cuando una descripción mencione resina, cannabis o carácter dank, conviene leerlo inicialmente como una referencia aromática. Strata demuestra que el propio desarrollador de un lúpulo puede recurrir a esas palabras para explicar su perfil sin estar describiendo un ingrediente adicional.

Para elegir con más criterio, busca la descripción completa: qué lúpulos utiliza, qué otros aromas se esperan y cómo se presenta su amargor. «Resinosa y cítrica» aporta una información distinta de «tropical y suave», aunque ambas cervezas puedan compartir alguna variedad de lúpulo. La formulación y la manera de incorporar ese ingrediente también modifican el resultado.

El parentesco botánico responde a la pregunta inicial. Para entender lo que hay en el vaso hace falta dar un paso más: distinguir la planta, sus compuestos, los ingredientes de la receta y las palabras que utilizamos para describirlos.


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