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La cervecera que se convirtió en una fábrica de penicilina

En el valle del río Eno, rodeada por las montañas del Tirol austriaco, existe una fábrica capaz de producir un antibiótico desde el cultivo inicial del hongo hasta la caja de comprimidos que llega a una farmacia.

La planta ocupa hoy más de 28 hectáreas, utiliza tanques de fermentación de hasta 200.000 litros y puede fabricar alrededor de 240 millones de envases de antibióticos al año. Sin embargo, mucho antes de convertirse en una instalación farmacéutica, aquel lugar producía algo muy distinto: cerveza.

La historia comenzó en Kundl, una pequeña localidad situada en el oeste de Austria. Allí funcionó durante siglos una cervecería que, después de la Segunda Guerra Mundial, fue reconvertida para fabricar uno de los medicamentos más importantes de la historia.

No fue una simple reutilización de edificios abandonados. Los conocimientos, las instalaciones y la cultura industrial desarrollados alrededor de la cerveza ayudaron a resolver uno de los grandes problemas sanitarios de la Europa de posguerra: producir penicilina a gran escala.

Una cervecería fundada en el siglo XVII

La tradición cervecera de Kundl se remonta a 1658, cuando Bartlmä Plank fundó una fábrica en la que se elaboraba la conocida localmente como Kundler Bier.

La cervecería disponía incluso de una galería excavada en la montaña. Sus condiciones estables de temperatura y humedad permitían almacenar y madurar la cerveza antes de que existieran los modernos sistemas de refrigeración industrial.

Durante los siglos posteriores, la fábrica cambió de propietarios y aumentó su capacidad. En 1929 fue adquirida por el grupo Brau AG, pero la escasez de materias primas provocada por la Segunda Guerra Mundial obligó a detener la producción cervecera en 1943.

Tres años después, aquella fábrica aparentemente obsoleta encontró una función completamente nueva.

1946: de la cerveza a la penicilina

Austria se encontraba entonces bajo ocupación aliada. Europa acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y la penicilina seguía siendo un medicamento escaso, caro y difícil de conseguir.

Michel Rambaud, químico y oficial francés de las fuerzas de ocupación, reconoció que la antigua cervecería de Kundl reunía varias características útiles para fabricar antibióticos: depósitos, tuberías, sistemas de control de temperatura, disponibilidad de agua y, sobre todo, experiencia trabajando con microorganismos a escala industrial.

Rambaud impulsó la creación de Biochemie GmbH en las instalaciones de la cervecería. En 1946 comenzó allí el proyecto de producción de penicilina y en 1948 salieron de la fábrica las primeras ampollas.

La idea suele resumirse diciendo que la fermentación de la cerveza y la producción de penicilina son el mismo proceso. La realidad es más interesante: no son el mismo proceso, pero pertenecen a una misma familia tecnológica.

En ambos casos se cultiva un microorganismo dentro de un medio rico en nutrientes y se controlan variables como la temperatura, el pH, la higiene, el tiempo y la disponibilidad de oxígeno. La diferencia fundamental se encuentra en el organismo empleado y en el producto que se pretende obtener.

¿Qué tienen en común la cerveza y la penicilina?

En una cerveza, las levaduras —habitualmente especies y cepas del género Saccharomyces— consumen los azúcares presentes en el mosto y generan principalmente alcohol, dióxido de carbono y numerosos compuestos aromáticos.

En la producción de penicilina se cultiva un hongo filamentoso del género Penicillium. El objetivo no es producir alcohol, sino conseguir que el organismo sintetice penicilina como metabolito secundario.

Fermentación cervecera

La fabricación de cerveza comienza con un mosto obtenido principalmente a partir de agua y cereal malteado. Después de la cocción y la incorporación del lúpulo, el mosto se enfría y se inocula con levadura.

La levadura metaboliza sus azúcares fermentables y produce:

  • Etanol.

  • Dióxido de carbono.

  • Ésteres.

  • Alcoholes superiores.

  • Ácidos y otros compuestos que afectan al aroma y al sabor.

La fermentación alcohólica puede desarrollarse sin necesidad de un aporte continuo de oxígeno, aunque la levadura sí necesita oxígeno durante determinadas fases iniciales para crecer y mantener correctamente sus membranas celulares.

Fermentación de la penicilina

En Kundl se cultiva Penicillium en tanques cerrados alimentados con agua, azúcares y distintos nutrientes. A diferencia de la fermentación alcohólica, este proceso necesita un aporte constante de aire estéril.

Es, por tanto, una fermentación industrial aeróbica.

Durante varios días se controlan cuidadosamente:

  • La temperatura.

  • El pH.

  • La presión.

  • La concentración de nutrientes.

  • La cantidad de oxígeno disuelto.

  • El crecimiento del hongo.

  • La aparición de posibles contaminaciones.

El resultado es un caldo denso que contiene biomasa, nutrientes residuales y el antibiótico generado por el hongo. En Kundl, los técnicos trabajan con fermentadores que alcanzan los 200.000 litros.

La antigua cervecería no podía comenzar a producir penicilina simplemente cambiando la levadura por un hongo. Hicieron falta investigación, nuevas técnicas de esterilización, sistemas de aireación y procesos químicos para separar y purificar el principio activo.

Pero la infraestructura y el conocimiento acumulados por la industria cervecera proporcionaban una base excepcional.

El gran salto de la fermentación industrial

La penicilina había sido observada por Alexander Fleming en 1928, pero aquella primera investigación no resolvió cómo aislarla, conservarla y producirla en cantidades suficientes.

A partir de 1939, el equipo dirigido por Howard Florey en la Universidad de Oxford, en el que también participaron Ernst Chain, Norman Heatley y otros investigadores, consiguió purificarla y demostrar su utilidad terapéutica.

El siguiente desafío fue industrial.

Durante la Segunda Guerra Mundial, científicos, ingenieros, administraciones y empresas desarrollaron sistemas de fermentación sumergida capaces de cultivar Penicillium en grandes depósitos. La utilización de nuevas cepas, medios de cultivo más productivos y tanques de fermentación profunda permitió multiplicar la producción.

Este avance no apareció de la nada. La industria alimentaria ya llevaba décadas aprendiendo a controlar microorganismos para producir cerveza, vino, levadura, vinagre y otros alimentos fermentados.

Las cervecerías aportaban depósitos, bombas, tuberías y conocimientos sobre limpieza, temperatura y cultivos microbianos. La producción farmacéutica añadió niveles de esterilidad, purificación y control muy superiores.

La transformación de Kundl representa perfectamente ese encuentro entre dos industrias.

De un caldo de fermentación a un antibiótico

Cuando termina la fermentación, el contenido del tanque todavía está muy lejos de parecerse a un medicamento.

El primer paso consiste en separar la biomasa del hongo mediante filtración. El líquido se enfría rápidamente para reducir la degradación de la penicilina, una molécula sensible a determinadas condiciones ambientales.

Después comienza la extracción del principio activo. Mediante diferentes operaciones químicas se aísla, purifica y transforma la penicilina hasta alcanzar la calidad farmacéutica necesaria.

La planta de Kundl produce, entre otros compuestos:

  • Penicilina G.

  • Penicilina V.

  • Ácido 6-aminopenicilánico.

  • Derivados semisintéticos como la amoxicilina.

  • Derivados como la ampicilina.

De sus instalaciones salen aproximadamente 4.000 toneladas anuales de principios activos, que posteriormente se convierten en comprimidos, cápsulas o polvos para preparar suspensiones orales.

Existe aquí otra diferencia importante respecto a la cerveza. En una cervecería, la fermentación genera directamente gran parte del producto que se consumirá. Después podrán realizarse maduración, filtración, carbonatación y envasado, pero la cerveza ya existe dentro del fermentador.

En la industria farmacéutica, la fermentación es solo el comienzo. El compuesto producido por el microorganismo debe extraerse del caldo, purificarse, analizarse y formularse con una precisión extrema.

La penicilina V: el descubrimiento que salió de Kundl

La antigua cervecería no se limitó a copiar los procesos de fabricación desarrollados en otros países. También protagonizó uno de los avances más importantes en la historia de los antibióticos.

Las primeras penicilinas eran inestables frente a los ácidos del estómago. Por esa razón debían administrarse mediante inyección.

En 1951, los investigadores Ernst Brandl y Hans Margreiter trabajaban en Kundl intentando controlar las contaminaciones que aparecían durante la fermentación. Al modificar uno de los compuestos añadidos al cultivo, observaron que el hongo había generado una penicilina diferente.

La nueva molécula era estable en un medio ácido y podía atravesar el estómago sin destruirse. Era la fenoximetilpenicilina, conocida como penicilina V.

El hallazgo permitió desarrollar una penicilina que podía administrarse por vía oral en forma de comprimidos. La patente se solicitó en 1952 y el medicamento comenzó a comercializarse poco después.

Tomar un antibiótico en casa pasó a ser mucho más sencillo que recibir varias inyecciones. Aquella mejora amplió enormemente el acceso al tratamiento y convirtió a Biochemie Kundl en una empresa farmacéutica de relevancia internacional.

En 1963, Sandoz adquirió la compañía. Décadas después, tras la creación de Novartis y la posterior separación de su negocio de genéricos, la fábrica quedó integrada en la actual Sandoz.

La antigua cervecería es hoy una instalación estratégica

La fábrica moderna conserva poco de la cervecería del siglo XVII. El recinto supera las 28 hectáreas y emplea a unas 2.500 personas.

Su importancia no depende únicamente de su tamaño. Kundl es una de las pocas instalaciones occidentales que mantiene integrada toda la cadena de producción de penicilinas: fermenta el microorganismo, obtiene el principio activo y fabrica el medicamento terminado dentro del mismo complejo.

La planta produce alrededor de 200.000 toneladas de caldo de fermentación al año. Su capacidad de fabricación de producto terminado se ha elevado hasta aproximadamente 240 millones de envases anuales y, según la compañía, podría cubrir las necesidades de antibióticos de los pacientes europeos.

Una historia que comenzó con depósitos de cerveza se ha convertido así en una cuestión de autonomía industrial para Europa.

Por qué Europa vuelve a mirar hacia Kundl

Durante las últimas décadas, gran parte de la fabricación mundial de principios activos farmacéuticos se ha desplazado hacia Asia. China e India ocupan posiciones centrales en las cadenas de suministro de medicamentos genéricos y antibióticos.

Esta concentración permite producir a precios reducidos, pero también crea dependencia. El cierre temporal de una planta, un conflicto comercial, un problema de calidad o una interrupción logística pueden afectar al suministro de varios países al mismo tiempo.

La Agencia Europea de Medicamentos mantiene una lista de medicamentos críticos cuya disponibilidad se considera prioritaria para evitar daños graves a los pacientes y garantizar el funcionamiento de los sistemas sanitarios. Esa lista sirve para identificar posibles vulnerabilidades y aplicar medidas preventivas frente a los desabastecimientos.

En marzo de 2025, la Comisión Europea presentó además su propuesta de Ley de Medicamentos Críticos. Entre sus objetivos se encuentran facilitar proyectos industriales estratégicos, introducir criterios de seguridad de suministro en las compras públicas y reducir la dependencia de un único país o proveedor.

La fábrica de Kundl encaja directamente en ese debate. Mantener la capacidad de producir penicilina dentro de Europa no es solo una cuestión empresarial. Es una forma de conservar conocimientos, instalaciones y personal especializado que resultarían muy difíciles de recuperar después de su desaparición.

El problema no es únicamente fabricar más antibióticos

La existencia de una gran fábrica europea no resuelve por sí sola todos los problemas relacionados con los antibióticos.

La resistencia antimicrobiana se produce cuando las bacterias evolucionan y dejan de responder a los medicamentos diseñados para combatirlas. El uso innecesario o incorrecto de antibióticos acelera la selección de microorganismos resistentes.

Según los datos recogidos en el artículo que dio origen a esta investigación, las bacterias multirresistentes provocan alrededor de 35.000 muertes anuales en Europa y generan unos 1.500 millones de euros de costes sanitarios adicionales.

Por eso, el desafío tiene dos caras aparentemente contradictorias:

Europa necesita una producción de antibióticos estable y suficiente, pero al mismo tiempo debe evitar que se utilicen cuando no son necesarios.

La contaminación industrial también forma parte del problema. Si las aguas residuales de una fábrica contienen restos de antibióticos, las bacterias presentes en el medio ambiente pueden quedar expuestas a ellos y favorecerse la aparición de resistencias.

En Kundl se emplean sistemas avanzados de tratamiento de aguas para reducir la liberación de residuos farmacéuticos. Es un aspecto menos visible que los enormes fermentadores, pero esencial para una producción responsable.

La cerveza como precursora de la biotecnología moderna

La relación entre cerveza y penicilina no significa que una bebida contenga antibióticos ni que las levaduras cerveceras puedan producir penicilina.

La conexión es tecnológica.

Mucho antes de comprender la existencia de los microorganismos, las sociedades humanas ya utilizaban la fermentación para transformar alimentos. Con el desarrollo de la microbiología en el siglo XIX, aquellos procesos artesanales comenzaron a convertirse en industrias controladas científicamente.

Las cervecerías aprendieron a:

  • Mantener cultivos microbianos estables.

  • Controlar temperaturas de fermentación.

  • Limpiar y desinfectar depósitos.

  • Trasvasar líquidos sin contaminarlos.

  • Trabajar con grandes cantidades de cereal y azúcar.

  • Repetir un proceso biológico con resultados consistentes.

  • Detectar desviaciones mediante el aroma, el sabor y el análisis.

Buena parte de la biotecnología industrial posterior se construyó sobre estos principios.

Los fermentadores actuales permiten producir medicamentos, enzimas, vitaminas, aminoácidos, proteínas, combustibles y alimentos. Cambian los microorganismos, los nutrientes y los productos finales, pero se mantiene una misma idea fundamental: crear las condiciones adecuadas para que una célula realice una transformación útil.

La cerveza fue una de las primeras demostraciones de que los microorganismos podían trabajar para nosotros, incluso miles de años antes de que supiéramos que existían.

Lo que una cervecería enseña sobre innovación

Kundl también ofrece una lección sobre la reutilización del conocimiento industrial.

La antigua fábrica no resultó valiosa únicamente porque tuviera espacio disponible. Era valiosa porque sus trabajadores, sus instalaciones y su actividad anterior estaban relacionados con la fermentación.

Una cervecería es, en esencia, una planta de biotecnología alimentaria. Trabaja con cepas de microorganismos, medios de cultivo, tiempos, temperaturas y procesos de limpieza. Una pequeña desviación puede cambiar por completo el resultado.

Ese nivel de precisión también está presente en la cerveza artesanal contemporánea.

Dos cervezas elaboradas con las mismas variedades de malta y lúpulo pueden resultar muy diferentes si cambian:

  • La cepa de levadura.

  • La temperatura de fermentación.

  • La composición del agua.

  • El momento de añadir el lúpulo.

  • La exposición al oxígeno.

  • La presión del fermentador.

  • El tiempo de maduración.

  • Las condiciones de conservación.

La historia de Kundl lleva esta idea hasta una escala extraordinaria. El mismo principio general que transforma un mosto en una Lager, una IPA o una Stout puede utilizarse, con otros microorganismos y procesos completamente distintos, para producir moléculas capaces de combatir infecciones.

De los tanques de cerveza a 240 millones de medicamentos

La antigua cervecería de Kundl dejó de producir cerveza en 1943. Ochenta años después, el lugar sigue dependiendo de azúcares, microorganismos, tanques, temperatura y tiempo.

Ya no se cultivan levaduras para producir alcohol y aromas. Se cultiva Penicillium para obtener penicilinas y derivados como la amoxicilina.

La transformación demuestra hasta dónde puede llegar el conocimiento desarrollado alrededor de la fermentación. Una tecnología asociada durante milenios a la elaboración de alimentos y bebidas terminó siendo decisiva para fabricar uno de los medicamentos que cambiaron la historia de la humanidad.

La cerveza no inventó la penicilina. Pero las cervecerías ayudaron a crear el lenguaje industrial con el que fue posible producirla.

Preguntas frecuentes sobre la cerveza y la penicilina

¿La penicilina se fabrica con levadura de cerveza?

No. La cerveza se fermenta principalmente con levaduras del género Saccharomyces. La penicilina se obtiene mediante el cultivo de hongos del género Penicillium. Son microorganismos y procesos diferentes.

¿La cerveza contiene penicilina?

No. Una cerveza correctamente elaborada no contiene penicilina. Que ambos productos se obtengan mediante procesos de fermentación no significa que compartan sus componentes.

¿Por qué se utilizó una cervecería para fabricar penicilina?

Las cervecerías ya disponían de depósitos, tuberías, agua, sistemas de control de temperatura y experiencia trabajando con microorganismos. Estas condiciones facilitaron su adaptación a la fermentación farmacéutica.

¿Dónde se encuentra la antigua cervecería?

Se encuentra en Kundl, una localidad del Tirol austriaco. Actualmente el recinto pertenece a Sandoz y continúa dedicado a la fabricación de antibióticos.

¿Qué diferencia existe entre la fermentación de la cerveza y la de la penicilina?

En la cerveza, las levaduras transforman azúcares principalmente en alcohol y dióxido de carbono. En la producción de penicilina, un hongo crece en un medio aireado y sintetiza el antibiótico como metabolito secundario.

¿Qué fue la penicilina V?

Fue una penicilina estable frente a los ácidos del estómago, desarrollada en Kundl a comienzos de la década de 1950. Permitió administrar el antibiótico por vía oral en lugar de depender exclusivamente de las inyecciones.

Fuentes consultadas

  • Reportaje sobre la planta de Sandoz en Kundl, su origen cervecero, capacidad industrial y relevancia para el abastecimiento europeo.

  • Historia de Kundl y de su antigua cervecería, fundada en 1658.

  • Historia de la investigación y producción industrial de la penicilina.

  • Historia de la penicilina V y de su desarrollo en Biochemie Kundl.

  • Comisión Europea: Ley de Medicamentos Críticos y medidas para reforzar las cadenas de suministro.

  • Agencia Europea de Medicamentos: lista europea de medicamentos críticos.

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